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Alfredo Lemon:

E mail alfredo_lemon@yahoo.com.ar

Web http://paginadepoesia.com.ar/arg_lemon.html#1

Abogado, docente, poeta y ensayista, publicó diversos títulos como
Eclipses, arritmias y paranoias (1983); El mono metafísico (1991) y
Sobre el cristal del papel (2004), entre otros.

Colaborador de diarios y revistas nacionales y extranjeros, obtuvo
diferentes premios, entre los que se destacan el "Romilio Rivero" de
letras, Municipalidad de Córdoba, 1985 y el de la "Sociedad
Argentina de Letras, Artes y Ciencia", 1996.

 

ERNESTO SABATO:

"EL TÚNEL Y SUS FANTASMAS"
por ALFREDO LEMON



Ernesto Sábato nació en Rojas, provincia de Buenos Aires, en 1911.
Hizo su doctorado en física y cursos de filosofía en la Universidad
de La Plata. Fue investigador en el Laboratorio Curie y abandono
definitivamente la ciencia en 1945 para dedicarse a la literatura.
Son sus libros de ensayos: "Uno y el universo" (1946), "Hombres y
engranajes" (1951), "Heterodoxia" (1953), "El escritor y sus
fantasmas" (1963), "Apologías y rechazos" (1979). Entre sus novelas
figuran: "El túnel" (1948), "Sobre héroes y tumbas" (1961)
y "Abaddón el exterminador" (1974). En 1983 presidió la Comisión
Nacional de Desaparecidos cuyas conclusiones fueron publicadas en el
libro "Nunca más" conocido mundialmente como el Informe Sábato de la
Conadep. Desde hace más de diez años se dedica a la pintura,
habiendo expuesto sus obras en importantes centros culturales
internacionales.

Introito

El camino de la ficción es el túnel por el que el novelista se
adentra persiguiendo, entre claroscuros de sombra e intemperie, las
respuestas a las indagaciones que le obsesionan como fantasmas. Pero
su pesquisa se detiene en las márgenes de la literatura; interpela
al hombre, al ciudadano, al contemporáneo, respecto al sentido de
sus actos. El siguiente artículo rescata estos conceptos a la luz de
los escritos narrativos y declaraciones políticas del hacedor
de "Sobre héroes y tumbas".
Rebelde y contradictorio testigo de una época en crisis, Sábato se
figura -imagina- a la realidad para poder describirla y al hacerlo,
comprenderla. La escritura tiene por objeto, de este modo, contestar
desde una óptica propia, las pesquisas eternas del hombre y de
connotar los desencuentros y desequilibrios psíquicos y sociales del
ser pensante. Pero paradójicamente la búsqueda de la verdad o del
conocimiento de lo externo no termina configurando algo acabado de
fácil entendimiento, sino que, por el contrario, genera una nueva
pregunta en el sujeto que la hace, ya que no alcanza a responderse
nunca de una manera absoluta, precisamente por su ínsita condición
limitada: "Uno se embarca hacia tierras lejanas o busca saber de los
hombres, o indaga la naturaleza o busca a Dios; después advierte que
el fantasma que se perseguía era uno mismo".

Posibilidad del arte y la novela

Desde cualquier arista parece, entonces, llegarse a la conclusión de
que toda comprensión de lo circundante ha de medirse en términos
relativos, aún partiendo del intento de obtener logros sólidos;
porque la vida misma (último o primer objeto de análisis) desborda
los esquemas rígidos y no se conduce por parámetros razonables sino
por lo insensato: "En esta vida única y limitada que tenemos, en
cada instante nos vemos obligados a elegir un solo camino entre
infinitos que se nos presentan. Elegir esa posibilidad es abandonar
las otras o nada. Optamos por una posibilidad que ni siquiera
sabemos hasta dónde nos ha de llevar; porque nuestra visión del
futuro es precaria y sentimos del mismo desasosiego que el navegante
que debe pasar entre escollos peligrosísimos en medio de la niebla o
la oscuridad. Apenas si sabemos con certeza que más allá está la
muerte, lo que precisamente hace más angustiosa nuestra elección; es
algo irreversible. La elección así inventada por el demonio para
atormentarnos, algo que presumimos como segura frustración, el
camino de la desilusión o el fracaso. Y, para mayor escarnio, por
causa de nuestra propia voluntad".
Atormentado casi hasta un éxtasis místico que sólo la creación
aplaca o disfruta, sus cavilaciones hunden raíces en zonas profundas
del yo y cuanto más profundas menos numerosas. El hombre individual
es al mismo tiempo el hombre de todos los siglos de la humanidad,
pretendiendo develar los enigmas que el vivir plantea: ¿quiénes
somos? ¿Existe Dios? ¿Somos un alma eterna o simplemente un
conglomerado de moléculas de sal y tierra? Estos son los problemas
que de verdad cuentan y frente a ellos todo lo demás, como dice
Camus, es en el fondo un juego de niños: la ley de gravitación, la
máquina de vapor, los satélites, Kant, los ilustrados. Ante estas
cosas así anotadas, véase la reacción de Sábato: "¡Al diablo con el
razonamiento puro y la universalidad de sus leyes! ¿Acaso el que
razona es un filósofo "abstracto" o un "yo mismo" transitorio,
inmediato y mísero? ¿Qué me importa que la Razón Pura trame sus
laberintos etéreos, si se olvida de los sentimientos de un pobre ser
que pensando sabe que ha de morir y que de esa muerte carnal e
inevitable no lo podrán salvar ni las teorías ni la erudición?".
Frente al desamparo vivencial, el arte y la literatura conforman
caminos paralelos, otras maneras de conocimiento capaces de
recuperar lo subjetivo, lo emocional, lo pasional. Puntualmente, la
novela es un timón potencial para recuperar al hombre la integridad
de un tiempo remoto, cuando la poesía y la magia constituían una
única manifestación de espíritu en busca de la sabiduría del destino
y del cosmos; algo que en alguna medida han ofrecido Sófocles,
Shakespeare, Dante. No es el pensamiento lógico el que nos descubre
la realidad esencial de un pueblo, sino el mito y la ficción;
porque, como decía Hordelin, "el hombre es un dios cuando sueña y un
mendigo cuando piensa". Desde ese punto de vista, el acto de la
creación por la novela surge como una formulación cuasi teológica en
recuperación por lo romántico nocturno.
Dada la dificultad de la epistemología o las matemáticas para
aprehender el mundo, se recurre a ella: "Mirá lo que sucedió con el
mito. Los tipos de la Enciclopedia se rieron; puro macaneo, pura
mistificación. Y, de paso, ahí tenés la raíz de la confusión actual:
desmitificación es lo mismo que desmitificación. Los hombres de
ciencia se morían de risa. Vos no has conocido a esa gente como yo,
que he trabajado al lado de premios Nobel, en grandes centros de
investigación. Para el pensamiento ilustrado el hombre progresa a
medida que se alejaba de estado mito-poético. Pasó lo que tenía que
pasar: expulsado por el pensamiento el mito se refugió en el arte,
que así resultó una profanación del mito; pero al mismo tiempo una
reivindicación. Lo que prueba dos cosas: primero, que es imbatible,
que es una necesidad profunda del hombre. Segundo, que el arte nos
salvará de la alienación total, de esa segregación brutal del
pensamiento mágico y del pensamiento lógico, porque el hombre es
todo a la vez. Por eso la novela, que tiene un pie en cada lado, es
quizá la actividad que mejor puede expresar al ser total. Escribimos
novelas porque tenemos un alma, porque por nuestra inevitable
encarnación somos duales e imperfectos. Un dios no escribiría
novelas". Como en un rompecabezas psicoanalítico, los sentires son
extraídos a la superficie consciente por criaturas que suben desde
nuestros antros subterráneos, de la infancia y sus meandros de
miedo, generando obras artísticas que materializan cierta
inmortalidad, asegurada por leyendas, por hombres de una misma raza,
por crepúsculos y amaneceres semejantes, por ojos y rostros que
retornan ancestralmente. Sobre el particular, el hacedor enseña: "La
prosa es lo diurno, la poesía es la noche. Se alimenta de monstruos
y símbolos, es el lenguaje de las tinieblas y los abismos. No hay
gran novela en la última instancia que no sea poesía". Igualmente
con tono lírico profesional refiere: "Vuelvo al alma que viaja
durante el sueño y puede ver cosas del futuro, cosas que despierta
no advierte, cuando está liberada del cuerpo que es lo que al hombre
encadena a la prisión del espacio y del tiempo. Lo que todos
logramos en el insomnio con las pesadillas, los poetas lo alcanzan
mediante el gozo y la imaginación. Los poetas son duendes que
conservan los ojos de un mago".

El hombre roto

Lo transitorio y trascendente del hombre y la denuncia de una
sociedad enajenada son otras problemáticas que se repiten. Cualquier
persona que se haya puesto a meditar sobre los puntos mencionados ha
experimentado la desesperación de sentirse aislado y ajeno. Sábato
dice: "Estamos en la noche del mundo, solitarios y tristes, en medio
de una civilización que hemos construido y que ahora corre el riesgo
de derrumbarse. El siglo XIX, siglo de optimismo, de una ciencia
arrogante, del Progreso de las Ideas, nos ha llevado al siglo XX,
siglo de carnicerías mecanizadas, del asesinato en masa de judíos,
del fin del liberalismo. Hemos aprendido trágicamente que la ciencia
no es buena en sí misma, que no garantiza nada, que lo que falta son
ideas y valores éticos, que somos grandes técnicos e infantes
éticos".
El pensador advierte agudamente que el desarrollo técnico no trajo
solución a los dramas espirituales del hombre moderno, sino que
agravó los que ya tenía y desencadenó la tremenda crisis social que
desde años nos confunde y aprisiona. El individuo de la calle, el
hombre común, fue quedándose cada vez más solo en medio de ciudades
cada vez más amontonadas como resumideros y no tan bien organizadas
como hormigueros: "... no hay que equivocarse. La solución de los
problemas materiales no basta, pues se puede levantar, de ese modo,
una nación de esclavos bien alimentados como en esos países del
socialismo totalitario. No debemos aceptar ningún plan que no ponga
al hombre de carne y hueso como fin, como meta de cualquier sistema.
Ese hombre situado que, por igual, ha enviado a los campos de
concentración el totalitarismo de izquierda y el de derecha. No
encuentro diferencias entre ambos ya que los dos parten de la base
de que el fin justifica los medios y sacrifican ese hombre carnal a
los fines del Estado. Ambos lo han desacralizado y por eso
cometieron con él los más horrendos crímenes. No hay torturas buenas
y torturas malas. Todas son abominables y ninguna persona decente
puede admitirlas ni en nombre de los fines más nobles. Sobre todo si
los fines son nobles ¿Cómo se puede torturar con el fin de instaurar
una sociedad más justa? ¿Cómo se puede torturar en nombre de Cristo?
Debemos luchar contra ese mal de cada día que es el desprecio por la
criatura humana y que alcanzó sus más satánicos hitos en los
exterminios nazis y soviéticos. A veces parece que estas
experiencias espantosas no nos hubieran servido de nada".

La duda de Dios

Resulta interesante extraer de su Informe sobre ciegos la
explicación que sobre la maldad da el personaje Fernando
Vidal: "Desde chico me preocupo el problema del mal... y del sentido
general de la existencia. La idea de que estuviéramos gobernados
por un Dios omnipotente, omnisciente y bondadoso me parecía tan
contradictoria que ni siquiera creía que se pudiera tomar en serio.
Así fui elaborando una serie de teorías y las siguientes
posibilidades... 1) Dios no existe. 2) Dios existe y es un canalla.
3) Dios existe, pero a veces duerme; sus pesadillas son nuestra
existencia. 4) Dios existe pero tiene accesos de locura; esos
accesos son nuestra existencia. 5) Dios no es omnipresente, no puede
estar en todas partes. A veces está ausente, ¿en otros mundos?, ¿en
otras cosas?. 6) Dios es un pobre diablo, con un problema demasiado
complicado para sus fuerzas. Lucha con la materia como un artista
con su obra. Algunas veces, en algún momento logra ser Goya, pero
generalmente es un desastre. 7) Dios fue derrotado antes de la
historia por el Príncipe de las Tinieblas. Y derrotado, convertido
en presunto diablo, es doblemente desprestigiado, puesto que se le
atribuye este universo calamitoso". Recordando este pasaje, a
propósito de una breve visita suya por esta ciudad con motivo de
unas jornadas
sobre creatividad y psicoanálisis, tuve oportunidad de interrogarle
sobre el tema, a lo cual respondió: "¿Si creo en Dios? Grandes
genios de la filosofía han creído y creen en Dios. Místicos y
visionarios tuvieron la experiencia directa de su presencia. Poetas
supremos lo han intuido para que un pobre hombre como yo tenga la
arrogancia de negar su existencia. Debo advertir que eso no quiere
decir que esté seguro. No, de ninguna manera. Innumerables veces lo
pongo en duda; de ahí la expresión de mi aflicción por el absoluto.
Mis tres novelas, de algún modo han intentado contestar a esa
cuestión".

El acento filosófico

Hace unos años escuché decir a un diplomático en París, "aunque la
moral no sea un valor literario, no se puede hablar de Ernesto
Sábato sin rendir homenaje a su empeño cívico ejemplar". Su coraje
se ha mostrado siempre incisivo en defensa de los más débiles y de
los que reclaman justicia y libertad. Frente a estos hechos, su
personalidad se yergue como la de un fiscal insobornable, enseñando
con elevado sentido humanista: "Cuando mueren niños inocentes bajo
las bombas de guerra, cuando algún hombre es torturado en alguna
región del planeta, cuando el hambre y la desesperación parecen
anunciar el apocalipsis de esta civilización, es comprensible que
muchos jóvenes clamen por la revolución; pero no se equivoquen.
Deben cuidarse asimismo de repudiar el testimonio de los artistas
desgarrados porque ellos constituyen también el más terrible
muestreo del drama de nuestro tiempo. Porque también ellos luchan
por la dignidad y la salvación de la persona humana".
Como se observa, si bien un concepto trágico parece dominar la
literatura del maestro creador, un optimismo subyacente fundando en
la fe de un "nuevo instinto humano transformado" es la filigrana que
dibuja la lectura atenta de algunos fragmentos de su obra. Su
esperanza se cifra en la libertad. Por eso la metafísica no ha de
entenderse como un ejercicio teórico en sus libros. Lo que él mismo
denomina "acento filosófico" para dar a entender la orientación de
sus posiciones, es precisamente lo contrario: una revitalización
cultural de las motivaciones éticas que operan su sensibilidad, en
oposición a la vanidad que reduce el arte a la estética, la
redundancia, el vedetismo, sólo lucimiento o servilismo
ideológico. "...No preguntar cómo es posible que se luche cuando
el mundo parece no tener sentido y cuando la muerte parece ser el
fin total de la vida; sino al revés, sospechar que el mundo debe
tener un sentido, puesto que luchamos, puesto que a pesar de toda la
sinrazón seguimos actuando y moviéndonos, construyendo puentes y
obras de arte, organizando tareas para las generaciones posteriores
a nuestra desaparición, meramente viviendo".

 

lea más artículos

http://www.iflacenarg.bravehost.com/alemon.html

sus libros, sus poemas

"Eclipses, arritmias y paranoias" en 1983;

"Cuerpo Amanecido" en 1988 

ROMA, 1985

                                 
a Federico Fellini


Hay una fiesta de disfraces en el mundo.

Mamíferos edípicos pactan el amor
entre el incesto y la sombra.

En prostíbulos y sacristías convive el ángel y el verdugo.

La conciencia erige su aquelarre.
La época impone sus fetiches:
carnaval de Dios.

(Sólo hay que absolverse a sí mismo).

La muerte preside sus reinos
detrás de bambalinas.

 

del libro "Cuerpo Amanecido" publicado por Editorial Lerner en 1988).

 

"Humanidad hecha de palabras"

Nave de locos
                                               a Charly García


Con sólo vivir te embarcas
en el destino de ser
aquél que navegando busca una respuesta a lo que es.

Gira tu cerebro Babilonia
en la espera del último tic-tac de la vigilia.

Residuos. Abandonos.
Estigmas. Escombros.

(Resulta difícil regresar de estos sitios).

Un bufón vomita desde la garganta del mundo:
el absurdo es una pregunta
que apenas cicatriza.


del poemario "Humanidad hecha de palabras" editado por Editorial Lerner en 1993

Sobre el cristal del papel
de Alfredo Lemon (Ed. Brujas)

Silueta : “Me gustó verte así,/ofreciéndome audacia/ entre licores y jazmines,/almendras y frutillas./Adivinándome./Jurándome el placer que tal vez olvidarás/ después, cuando te bañes./Todo amante debe tener su instante puro;/una boca que sepa besar/ aunque le mienta”.

 

 


 


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