LUIS RAÚL CALVO
BIOGRAFÍA
Nació en Buenos Aires, Argentina en 1955. Poeta y ensayista. Licenciado en Psicología. Dirige
Colabora en diversas publicaciones y sitios web de poesía, en el país y en el exterior.
Poemas suyos han sido traducidos al inglés, al francés, al portugués y al italiano.
Desde 1992 dirige el Café Literario “Antonio Aliberti”, en el Café Montserrat, de Buenos Aires, espacio cultural que ha propiciado la participación de mas de 1000 poetas y 500 artistas plásticos, de suma valía, del país y del exterior.
Integra el Inventario de Poetas en Lengua Española-segunda mitad del siglo XX-trabajo de investigación realizado conjuntamente por
Ha sido incluido en más de veinte antologías de poesía, en el país y en el exterior.
Forma parte del Breve Diccionario Biográfico de Autores Argentinos-Desde 1940- de Silvana Castro y Pedro Orgambide-, (Ediciones Atril 1999). Obra publicada en poesía: “Tiempo dolorosamente resignado”(Ediciones “Generación Abierta”, 1989); “La anunciación de la partera”( Ediciones Correo Latino, 1992); “Calles asiáticas”( Editorial Plus Ultra, 1996)); “Bajos fondos del alma”(Ediciones “Generación Abierta”, 2002), “Belleza nómade”(Ediciones“Generación Abierta”,2007)
Email: luisraulcalvo@yahoo.com.ar
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http://www.artesica.it/eng/Pag/Argentina-Gladys-Sica-Luis-Calvo.htm

SELECCIÓN DE POEMAS
LUIS RAÚL CALVO
Invocación de Eros
Reconocer en su vientre
territorios aún inexplorados.
Reconocer en los orígenes
de su piel
a Eros, invocando.
E inaugurar de madrugada
la fascinación de un amor
preñado por la ausencia.
(Del libro “Tiempo dolorosamente resignado”)
El Grito
Hemos visto noches de miradas eternas.
Los crucifijos esperan el reencuentro con sus dioses.
Mañana es posible.
Las ciénagas han muerto de frío a la intemperie.
Ahora, tus ojos no vacilan en el llano.
Las comadres enlutecen de rubor
cuando el grito quiebra nuestros huesos.
Respirar en la brasa es comenzar de nuevo
La vigilia del beso demorado.
Los Amantes
Dicha y ocaso, gravidez de los rituales.
Línea oblicua del amor en las maletas del viajero.
Los perros ladran su tormento en las trenzas de la
/ dama.
Hueco de rencor, antiguos maleficios.
¿Quién ha robado los bastones del ciego
buscando luz en las tinieblas?
Nadie separa nuestros cuerpos de la tierra
pero ellos, los amantes, no esperan el orgasmo
para saciar su sed de cruzas elegidas.
Crisálida
Crisálida
rasgos del hongo en las arterias.
Dos
traición de la pulpa
expulsión de la textura.
Crisálida
muerta en el hastío.
Soplo del lobo en la obsesión
del sexo.
Crisálida
conjura de amantes atrapados
en el árbol de lana.
(El deseo atrae los senos
pervertidos)
Crisálida
restos de calcio en las ojeras.
(Del libro “La anunciación de la partera”)
En el límite de todo, tú adorada mía
ahora que la sal del hierro no corroe
los ligamentos del esperma, vienes a mí
blanca, etérea, elevando tus ojos rojizos
por las gargantas del océano.
Condenado amor, la estrechez del mundo
se interna en los mares ultrajados
allí donde la luz del ciego y las camas
de alquitrán ya no alcanzan para contener
la esclavitud de los siervos.
Bella amante de fin de siglo, tu mirada
me precipita al abismo y así permanezco
acosado por la esclerosis de los cuervos
que soplan en mi nuca una sentencia
de antiguas verdades.
El hechicero que besó la horca por última vez
aplaudiendo a su verdugo, las calaveras de trapo
galopando en los caballos de la muerte
y ese terror acumulado en la falsa renguera
del enano mestizo.
Esta visión endemoniada de las cosas
es la furia reflejada en tus caderas de agua
hoy, que los muros han caído y las alcobas
muestran su miseria de lana
estamos juntos en la región deshabitada del fuego.
Esa pesada carga del deseo
purifica la razón del violinista.
Ella sabe que el virtual descubrimiento
pasa por sus ojos
allí donde los monstruos más sagrados
atormentan el caldo del cartero.
Imperfecta y deleznable
su piel amarga restituye
al visionario de Manhattan.
Por ella, el Mar Mediterráneo ahogó la voz
del depravado, una tarde de abril
en Buenos Aires.
Esa pesada carga del deseo
transpone fechas y ciudades
heredera del silencio, el primer grito
partió de su incestuosa pupila.
Siempre fue así y ella lo intuye
desde el calvario de Otelo y Desdémona.
Una mujer en la noche
piensa como pulverizar la mirada.
Cuerpo de
El cuerpo de la voz no está
en la voz ni en su sonora
transparencia.
Las esquimales deambulan
con sus prohibiciones marítimas
mientras se posa en sus vientres
la inocua tentación del orgasmo.
Como esa intrincada piel
que deseamos tocar
sólo una vez que ha partido.
Presencia Real
En este lugar de inacabadas formas
los deteriorados legajos
fueron en otro tiempo
una presencia vital
un espejo instalado
en la sombra malherida.
Aquí habitamos los desposeídos
de la gloria y el infierno
los corresponsales de guerra
perpretados en las anchas baldosas
los confinados a un estado
más cercano al deterioro
que a un celebrado funeral.
Es el momento de decir las cosas
tal como son.
estos habitáculos ya no soportan
tanta historia acumulada
tantos graznidos de palomas
sometidas al abandono
tanta perpetuidad detenida
en esta máquina de escribir
obstruída por la falange del herrero.
Somos, en definitiva, los condenados
a respirar el perfume de esa mujer
que alguna vez fue nuestra
y que hoy hemos perdido
mediocremente
como sólo se pierde a una mujer.
Aproximación de los Cuerpos
La rebelde aproximación
de los cuerpos
no es una extraña coincidencia.
Algo fluye en los líquidos
celestes, en un vano intento
por restaurar el orden perdido.
En las madrigueras fluviales
quien pierde en un minuto
de su vida, el terror obsceno
por las sanas costumbres
ha salvado a un hombre.
(Del libro “Calles asiáticas”)
Dama Viajera
Hay distintas formas de ver pasar
la vida, de contemplar lo bello
o lo siniestro, que ha quedado perpetuado
en algún sitio.
Son esas marcas, espejos de otros tiempos
que vuelven a la memoria
y nos recuerdan que una ciudad
también carga con una cruz en sus espaldas.
Es el peso de la historia, de las batallas
aún pendientes, estigmas que nos acompañan
estemos donde estemos.
Como esa dama viajera, que ama
a un hombre, pero que de tanto
en tanto necesita cruzar
el corazón de Buenos Aires.
Poema XVI
Regresar al viejo sitio
tiene sus riesgos.
Uno llega con el deseo
de encontrar la imagen
suspendida en el pasado
pero el paso del tiempo
nos da otras respuestas.
Ni las mismas casas
ni los mismos rostros
ni los mismos olores
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