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           CARLOS DANIEL LAURANS

 

biografía

 

poemas

 

cuentos

 

 

EL MANZANO

 

Carlos D Laurans

 

 

 

 

 

                        Cierto día, un grupo de niños deambulaba despreocupado. Tenían por costumbre ir hasta un pequeño lago, donde muy de vez en cuando pescaban algo.

                        En el trayecto, pasaban cerca de una gran casa abandonada, sobre la cual se contaban historias tenebrosas. Pero esta vez, el deseo de aventura pudo sobre el miedo, y decidieron investigar.

                        Para poder entrar, rompieron una madera carcomida que obstruía la puerta. En su interior descubrieron algunos muebles derruidos por la humedad, libros, fotos y periódicos amarillentos desparramados por el piso. Flotaba en el ambiente un aroma ácido,  y como un presentimiento de muerte.

                        En el cuarto de al lado, por una ventana entraba a raudales la única luz que luchaba por combatir a los duendes de la oscuridad, y través de ella se divisaba un manzano, único árbol en un patio interior.

                        Debajo de él, descansaba un anciano sentado en un banco de piedra. Irradiaba tanta paz que se sintieron atraídos, y sin darse cuenta se sentaron en círculo con las piernas cruzadas, como si desde siempre supieran que debían escucharlo.

                        Entonces, con la cara iluminada por una sonrisa, comenzó a hablarles.

                        Los manzanos, dijo, son como los hombres. Debemos plantar la semilla, abonar la tierra, regarlo y cuidar de el hasta que tome fuerzas y se desarrolle por sí mismo.

                        Su tamaño será el resultado de la atención que le hayamos dado. Siempre deberemos cuidarlo, porque de esa manera tendrá una vida larga y provechosa. Y en su adultez, la sombra, flores y frutos, será la ofrenda que brinde a la vida.

                        Sabe que debe mantener el equilibrio, y por eso se afirma en sus raíces, las ramas son simétricas y los frutos se formarán bien diseminados. Si así no fuera, el peso lo desgarraría y nunca sería el mismo. Todos los extremismos, a través de la historia han demostrado ser totalmente destructivos.

                        El principal trabajo que tendrán, el más importante, será aprender a vivir.

                        Acompañados por sus padres o en la escuela. Pero lo verdadero vendrá de su corazón. Escuchen esta historia:

 

                        En cierto lugar del bosque, a orillas de un lago, mama pata sintió en su corazón que debía construir un nido.

                        Lo hizo grande y bien acolchado para depositar sus huevos.

                        Más que huevos, eran cofrecitos blancos, perfectos, y cada uno de ellos contenía un presagio de vida.

                        Varios días después y justo en un cambio de luna, comenzaron a romperse. Sus hijos nacieron mojados, tambaleantes, pero con ojos vivaces que enseguida buscaron a su mamá. Todos, menos Pedrito, el último, quien desde el primer día parecía que tenía la brújula descompuesta.

                        Cualquier cosa lo distraía: si todos marchaban al agua en perfecta hilera, el canto de un pájaro lo detenía, o seguía el vuelo de una mariposa y allá se iba. Bastaba una pequeña piedra en el camino para que abriendo sus alitas, diera de plano con el pico contra el suelo.

                        Su mamá, con inmenso amor lo levantaba, limpiaba sus plumas y tocándolo con un ala, lo acercaba a sus hermanos. Era el que más trabajo le daba.

                        Ella sabía que debía enseñarles a vivir, y entonces les mostró como nadar, donde buscar alimentos y de qué defenderse.

                        Y poco a poco, cada uno desarrolló sus habilidades. Algunos fueron grandes nadadores, otras madres prolíficas y Pedro, poeta.

 

                        Recibirán mucha información, bien intencionada o nó, intentando que tomen decisiones, pero lo único realmente puro y conveniente siempre será seguir la voz de la conciencia.

                        Estamos relacionados los unos con los otros, compartimos cosas comunes y entonces, ningún acto o pensamiento dejará de tener consecuencias. Por eso es tan importante la forma de actuar y la pureza de nuestras intenciones.

                        Según lo que demos, así será lo que recibamos.

                        Aun así, como todos los humanos son diferentes, siempre tendrán la oportunidad de aprender.

                        En realidad, lo podrán hacer de todo lo que los rodea. Solamente hay que estar con la mente alerta y ver las señales.

                        Presten atención por ejemplo, si lo que dice alguien es coherente con lo que hace. Si no es así, no es sincero.

                        Conozco un cuento.

                        Se dice que una vez, en un pueblo pequeño, estaba un viejito descansando en la vereda, y a su lado un perro se quejaba desconsolado. Los transeúntes lo miraban con lástima, enojados por la actitud pasiva del viejo. Hasta que alguien se detuvo y le preguntó porqué no lo ayudaba. Entonces él explicó: No es lo que parece: lo que sucede es que está sentado sobre una tabla con un clavo, y prefiere quejarse esperando que alguien lo ayude, a hacer el esfuerzo de levantarse por sí mismo.

 

                        Muchas personas son iguales. Prefieren usar a otras para que les solucionen los problemas, antes que ocuparse de sí mismos.

                        Desde siempre los hechos han demostrado que lo más puro y que nos ayuda a crecer es el amor. Si cierran un momento los ojos y oídos al ruido externo, notarán que fluye profusamente, porque esa es la esencia de todos.

                        Deberían tratar de que todos sus actos construyan, que contengan en su interior la estrellita del amor. El manzano lo sabe, y la entrega en cada uno de sus frutos.

                        El anciano, alargando su mano tomo uno, y lo cortó en forma horizontal. Para sorpresa de todos, efectivamente apareció una perfectamente formada. Cualquiera puede hacerlo dijo, sólo es cuestión de saber buscar.

                        Así como acaban de salir de la oscuridad y destrucción hacia la luz, así también si deciden pensar en lo que les dije, pueden llegar al conocimiento. Pero sólo háganlo si lo sienten.

                        Ahora debo irme; este es el mensaje que quería dejarles.

                        En ese momento, una luz blanca comenzó a envolverlos a todos y poniéndose de pie, el anciano extendió sus manos en un gesto de protección, y fue volviéndose transparente, hasta que desapareció.

                        Todo duró unos minutos. Al final los niños quedaron dudando si realmente lo habían vivido o todo había sido un sueño, pero con la certeza de que si querían encontrarlo de nuevo, sólo tenían que buscarlo en su propio corazón.

                        Lo único real, era una manzana cortada en la piedra.

 

 

PINCELADAS

 

CARLOS DANIEL LAURANS

 

 

         Necesito que me ayuden amigos, a descubrir quien me habita.

 

         Todo comenzó de repente. En un momento inesperado; a partir de una mirada, subrepticiamente se ha instalado en mi persona.

 

           No tendría problemas si se hubiese mantenido oculto, sin llamar la atención, sólo observándome con un pincel en la mano.

 

          Tímidamente al principio, luego en forma cada vez más descarada, comenzó a dar pinceladas de ternura, dejándome el corazón lleno de colores.

 

           Derritiendo candados,  fue transformándolo  en algo pleno de luz.

 

           Tal vez en ese momento debí ponerle límites, pero la sensación era tan hermosa, que decidí dejarlo seguir, para ver hasta donde llegaba.

 

          Cuando ya no quedaban rincones sin iluminar, pintó carteles: ¿te das cuenta de que seguís vivo?; ¿ejercerías tu derecho a ser feliz?; ¿Hasta cuando vas a seguir sólo?; ¿ves que triste y solitaria está tu casa todas las noches? ¿No sería maravilloso volverte a enamorar?

 

          Justo a mí, que venía del dolor, que había decidido dejar de soñar, me vino con esos planteos!

 

          ¿Y ahora que hago con mis miedos?

 

          Para colmo, he quedado tan sensibilizado que nuevamente me conmueve ver a los niños jugando, una parejita besándose o a dos ancianos tomados de la mano.

 

           De una cosa estoy seguro: Nunca más voy a ser el mismo.

 

            Y por eso les pido ayuda:

 

              Necesito saber quien es, que busca, y sobre todo, que me digan como puedo hacer para volver a creer.

                           

                           

                           

DESPEDIDA

 

 

 

Carlos Daniel Laurans

 

      Parece que se va, decían. ¿Será cierto?  Como se le ocurre arriesgar tanto?

      Cuando la versión fue confirmada, era tiempo de pensar en un regalo de despedida. ¿Pero qué?

      Algo para el viaje, opinaban algunos

      No, decían otros, que le sea útil más tiempo.

      Tal vez ropa?

      Tampoco, es demasiado personal.

      Flores menos, porque se marchitan enseguida.

      Escribámosle algo, dijo uno. Dale, es buena idea; pero ¿quién se anima?

      A medida que se acercaba el día, crecía el nerviosismo. Aún así, se pensaba como un acontecimiento ajeno, el inicio de una aventura; existían dudas acerca de que si ella había pensado bien para tomar tamaña decisión, o si realmente valía la pena arriesgar el trabajo, y mil conjeturas más.

     Cuando al fin llegó la fecha, y en una cena de despedida, hubo muchos abrazos, ojos húmedos, promesas... promesas y una partida demorada por la emoción.

      Nadie se había dado cuenta todavía de que ninguna despedida es definitiva.

      Porque aquella compañera de sonrisa franca, del corazón abierto, que llenaba de alegría todos los momentos, jamás podría dejarlos del todo.

      Aunque faltara su presencia, al ver cada espacio que ocupara, en los detalles a los que se había dedicado para decorar la oficina, o la simple mención de alguna anécdota -tantas-, les produciría esa punzada dolorosa.

     Su vibración quedaba impregnada en el aire y en el corazón de cada uno.

     Porque así son las despedidas. Nadie se va del todo. Solo hay un paréntesis hasta el próximo recuerdo.

 

 

 


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