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Hugo E. Leguizamón
 
 
 
Poema para una voz
              -al amigo Abelardo Cano Bedoya-
 

¡Abelardo!

recitador de nuestros sueños

        -tuyos también-

Intérprete veraz

     del cantar de los bardos

que dejan en tu boca

               latir las palabras

endechas y elegías

odas crepusculares

romanzas del alma

             volcadas al viento

Amor y alegría

nostalgia, desdén

luces y sombras...

         ¡desvelando el corazón!

 

¡Ay juglar de las letras!

tú sabes de matices

de pausa y entonación

Cual un trovador del aire

           tú le pones el acento

el vigor, la cadencia

Tú conoces la esencia

el decir...los secretos

la intima alquimia      

      de esta antigua pasión

 

Tú eres un poeta...

un rapsoda itinerante

que escribe con la voz

   
 
Hugo E. Leguizamón




        HUGO E. LEGUIZAMÓN






leguizamon.hugo@yahoo.com.ar

HugoEdgardoLeguizamon


RESEÑA BIOGRÁFICA


Hugo Edgardo Leguizamón
 
Argentino
 
69 años
 
Residente en Buenos Aires, Capital Federal
 
Retirado de toda actividad laboral
 
Seudónimo  Hugo Conrado
 
Algunos antecedentes
 
Escribo desde los veinte años, pero solo a partir del año 2003 comencé a publicar
algunos de mis trabajos en antologías cooperativas como ser Red Literaria (ya de-
saparecida) Zona Editorial (Lanús Pcia. de Bs.As.)  De los cuatro vientos, etc.
y trabajos menores como en Metrovías La nación, Diario Clarín y otras.



    ALGUNOS POEMAS
 

            

 
 

   El ave transmutada

                           -a la madre Teresa

                 de Calcuta-



 

¡Oh paloma de la paz!

que un dí­a descendiste

en el fragor de las guerras

en la ignominia del hambre

y mudaste tu rama de olivo

tu vuelo celeste

por un rostro marchitado

testimonial

y una honda mirada

de eterna primavera

 

¡Paloma!

con tus alas trocadas

en manos rugosas

Dos cuencos

cual muelle regazo

de niños sin sol

¡Ave deseada

de votos solemnes!

¡Madre!

tú los cobijaste

y en sus ojos...

-capullos de pobreza-

un fuego tierno alumbró

tan solo un instante

sus vidas pequeñas

frágil resuello...

La única y primera

llamada de amor

 

¡Madre Teresa!

inaudita bondad

soplo del alma ungida

Contigo

el ave se sustenta

cobra altura providencial

tu hábito blanco

¡Cuna de maderos

bajados del cielo!

¡Pan!

junto al llanto desnutrido

de los prematuros

Silencio... rezo

para los que se fueron

aviesamente abandonados

en el mundo

 

Sin piedad...

 

como tristes hojas

del invierno


Hugo E. Leguizamón



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